Museo Mesoamericano del Jade

San Cristóbal de las Casas, Lunes 25 de Septiembre de 2017

El Jade para Los Olmecas

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Los Olmecas fueron una sociedad que se desarrollo culturalmente en la región tropical a orillas del Golfo de México, entre los años 1300 al 300 antes de Cristo, creando los primeros grandes centros ceremoniales que hoy identificamos arqueológicamente como San Lorenzo, Tres Zapotes y La Venta, que contaban con espacios para ceremonias políticas y religiosas, áreas de habitación y zonas de monumentos señaladas por grandes esculturas de piedra.

Además de Veracruz y Tabasco, considerada la zona núcleo de la cultura Olmeca, también se han documentado los rasgos de esta cultura en la región oriental del estado de Guerrero, en donde se localiza el sitio de Teopantecuanitlán, en el estado de Chiapas a lo largo de la cuenca del río Grijalva y en la costa del pacifico en Guatemala en donde se localiza el sitio arqueológico de Abaj Takalik. Cerca del poblado de Olinala en Guerrero, en la pequeña cuenca del río Oro que es afluente del Balsas, se han localizado yacimientos de Jade.

De aquí proviene la figura silueteada de un personaje con rasgos típicos cuyo original se presenta mutilado del brazo derecho y la rodilla izquierda. Algunos de los primeros testimonios identificativos de esta cultura, son la mascara sonriente localizada por el investigador y artista Miguel Covarrubias a mediados del siglo XX en Veracruz y la pieza conocida como hacha Kunz procedente de la región Mixteca de Oaxaca encontrada a fines del siglo XIX, así como la hacha exhibida en el Museo de Dallas Texas. La presencia de esta cultura también ha sido identificada a través de objetos de jade localizados en sitios tan remotos como el colgante pectoral de la Península de Nicoya en Costa Rica o la mascara con tatuajes de las Costas del mar Caribe en Honduras.

La idealización humana:

Olmeca significa en idioma náhuatl «habitantes de la región del hule». Este nombre fue acuñado hacia la mitad del siglo XX, para clarificar la enigmática presencia en la historia de México, de un pueblo que se distinguió entre otras cosas por la manufactura de grandes monumentos de piedra y pequeñas estatuillas de jade, de los cuales, una de las características comunes era la representación de rasgos felinos, lo que suponía una enorme deidificación al jaguar. Por tal razón la presencia de rasgos jaguarinos sincretizados en figuras humanas es constante en el arte de este pueblo, quienes probablemente consideraban a este animal como una deidad ancestral. Otros rasgos, distintivos de las esculturas de esta cultura son las cejas flamígeras -en forma de llamas-, hendidura en «V» en la frente, rasgos de garras y colmillos en los labios, pliegue en forma de "V" en la frente y detalles de un simbolismo conocido como cruz de San Andrés. Algunos de estos detalles son evidentes en las piezas de jade que aquí mostramos: el pectoral de cinco rostros localizado en la región Mixteca de Oaxaca; en el detalle de las esgrafías del par de orejeras encontradas en La Venta Tabasco; y en la figurilla del hombre con cráneo deformado que sostiene en sus manos a un bebe con el rostro jaguarino.

El espacio ceremonial:

Los trabajos de exploración del centro ceremonial de La Venta en las márgenes del río Tonala en la frontera entre Tabasco y Veracruz, los iniciaron en 1942 los investigadores Mathew Stirling y Philip Drucker, con el patrocinio de la Institución Smithsonian y de la Fundación Nacional de Geografía -USA-. Las 22 figurillas, en la que se representan 6 estelas y 16 personajes, uno de ellos de terracota fueron encontradas en la composición en que se presentan, entre una mezcla de arena y barro, al pie de una plataforma del complejo A del sitio arqueológico de La Venta.

Las seis estelas -o hachas- colocadas como un precedente de las esculturas Mayas, están dominando la escena. La composición sugiere un acto ceremonial o la reunión de un consejo de jefes, en que el personaje principal, para bien o para mal, parece ser la figura humana elaborada con un material más humilde; terracota cocida, a quien bien podrían estar pidiéndole consejo o juzgando.

Tanto por la expresión de los personajes, tallados finamente con los rasgos típicos de las esculturas Olmecas, como por las estilizadas deformaciones craneanas, así como por el misterio de la escena, esta ofrenda se considera como la realización más notable del arte Olmeca.

El espacio sagrado:

En el sitio arqueológico de San Isidro, que se localizaba en las márgenes del río Grijalva, quedando en la profundidad con la construcción de la presa de Malpaso, la expedición de rescate arqueológico de 1960 dirigido por Gareth W. Lowe de la NWAF de la Universidad Brigham Young, encontró la ofrenda que se interpreta como dos peces mitológicos y una tortuga, lo que se cree era la cosmovisión Olmeca del paisaje celeste que hoy identificamos como la Constelación de Orión.

En los pueblos indígenas existen lugares especiales dedicados a la comunicación con los dioses ancestrales.

Los centros ceremoniales son los ombligos del mundo, los lugares predilectos del culto y la veneración en donde se erigían monumentos y se dedicaban estelas. Estos lugares estaban a cargo de sacerdotes o chamanes que tenían la habilidad de transformarse espiritualmente en sus nahuales o almas protectoras, logrando así el espacio de comunicación con el corazón del cielo interpretando los intereses del pueblo. En el pueblo Olmeca, los enanos, como el presentado en esta figurilla procedente del sitio Cerro de Las Mesas en Veracruz, eran objeto de un trato preferente ya que se les atribuían poderes especiales.

Las redes de intercambios comerciales:

Los investigadores Olmecas se han imaginado a un pueblo con un extenso control económico cuyas redes de comercio llegaban mas allá de las fronteras de Mesoamérica. Se cree que el comercio se basaba en el trueque o intercambio de productos en el que había canje de utensilios de cerámica; productos agrícolas como el maíz, algodón y cacao; productos marinos como peces, conchas, tortugas, espina de mantarrayas; objetos suntuarios como pieles, ambar, pigmentos y minerales entre los que se incluian la obsidiana, la hilmenita y lo más valioso de todo; el jade.

En las exploraciones que realizaba en 1941 el investigador Matthew Stirling a lo ancho y largo del territorio Mesoamericano, encontró en una cueva cerca de la localidad de Simojovel en Chiapas, una grandiosa hacha, probablemente de uso ceremonial en la que aparece grabado un rostro de clásicos rasgos Olmecas, con la cabeza amarrando un tocado y con una voluta al frente talvez como una expresión de aliento o vida.

La localización de esta hacha, así como la presencia de material de Ámbar en los sitios de La Venta y San Lorenzo, evidencian el enorme intercambio comercial desarrollado por los Olmecas hacia el año 600 antes de Cristo. Los símbolos del poder: Se ha pensado que en los pueblos mesoamericanos el poder era a la vez civil y religioso. El poder en los pueblos indígenas de hoy se representa a través del «bastón de mando».

En los pueblos de ayer, como el de los Olmecas, el poder se representaba a través de la posesión de los cetros ceremoniales como el encontrado en Cárdenas Tabasco (7-C), o el gigantesco monumento-hacha cuyo original se encuentra entre las mas valiosas posesiones del Museo Britanico de Londres (7-A). Otros atributos del poder político lo constituían los llamados Pectorales, qué se lucían colgados al pecho, como el encontrado cerca de Coatzacoalcos en el que se observa a un personaje acostado o volando con una antorcha por delante.

En La Venta, se localizaron tres entierros en los que se amontonaron casi 100 metros cúbicos de jade y otras piedras piedras verdes, colocados ordenadamente de tal forma que en su parte superior se observa hacia el sur lo que parece ser un rostro felino. El enterrar tan grandes cantidades de piedras valiosas, se interpreta como una forma de atesorar riquezas y guardar espiritualmente la fuerza de trabajo de toda la comunidad. Estos entierros vendrían a hacer una especie de respaldo económico conjuntado en algo así como las bóvedas de un banco nacional y las piedras talladas en forma de hachas ceremoniales, con incisiones vendrían a ser una especie de modernos lingotes de oro.

En el arroyo Pesquero, un afluente del río Tonala, cerca del poblado de Las Choapas, se localizaron varias hachas de las cuales presentamos dos que están esgrafiadas con personajes que están colocados en el centro del universo, señalados por los cuatro rumbos, cargando uno de ellos un atado de cañas y el otro un cetro en forma de serpiente.

El ser humano y su entorno:

Las mascaras rescatadas también en el fondo del arroyo Pesquero son la más fiel expresión de la personalidad Olmeca, en donde se sincretizan los retratos de individuos vivos con adornos faciales que requerían rasgarse la piel y tatuarse, para alcanzar la sobrenaturalidad y la ostentación visible de la dignidad de la que estaban investidos, es una señalización que ubica al ser en la sociedad indicando públicamente su rango (sacerdotes, guerreros, etc.).Las mascaras tenían una doble función; representar la apariencia y la vitalidad de un ser determinado y cumplir con un destino funerario.

El medio ambiente Olmeca era un territorio cruzado por grandes ríos, cubierto de aguas pantanosas, de ahí la necesidad de perfeccionar un sistema de transporte acuático que los lleva a la invención de los cayucos o canoas. Es comprensible que objetos tan utilitario fueran además representados como figurillas suntuarias. Una pequeña canoa de jade localizada en Cerro de las Mesas esta adornada con los clásicos diseños de rostros felinos. Otra canoa, es la única pieza Olmeca que nos muestra con detalle la figura de una mano humana con grabados realísticos de los dedos.

En este espacio vital, las pequeñas avecillas como los colibríes representaban la fecundidad y la fertilidad.

El origen del tiempo:

Esta figura, encontrada en 1902 en un campo agricola de San Andres Tuxtla cerca del lago de Catemaco en Veracruz, representa a un Chaman de cabeza bulbosa enteramente al rape, ataviado con un traje de pájaro del que destaca la talla de las alas y la cola con una leve indicación de plumaje. Luce un adorno bucal en forma de pico de pato. En el abdomen aparece esgrafiado en sistema de barras y puntos la inscripción calendarica 8 baktunes, 6 katunes, 2 tunes, 4 huinales y 17 kines, que si se lee en la correlación calendarica Maya corresponde en el calendario gregoriano al año 162 a.c..

Esta es una de las fechas más antiguas anotada en el sistema que fue común en la historia del pueblo maya, pero a la vez es una fecha muy tardía en el desarrollo de la cultura Olmeca. Algunos investigadores creen que el calendario conocido como Maya, en realidad tiene su origen en la cultura Olmeca. Otros, piensan que las fechas de partida de los calendarios son diferentes para ambas culturas. Izapa - un pueblo en evolución:

En las investigaciones de la NWAF del año 1962 fueron localizados como se muestran, los dos sartales de cuentas que forman monumentales collares, asociados a un entierro en el sitio arqueológico de Izapa en el Soconusco Chiapaneco. Lamentablemente en el Museo Nacional solo se han conservado el collar de cuentas pequeñas y el rostro con la boca abierta a manera de soplo.

Como en otros casos, estos collares, por su alto valor daban relevancia en vida al individuo y como un símbolo de su status político y social lo acompañaban en su funeral. Izapa, a 15 kilómetros de Tapachula, es de los pocos sitios arqueológicos que muestran una amplia ocupación en el tiempo, ya que se tienen evidencias que su poblamiento empezó como una pequeña aldea hacia el 1800 antes de cristo, en el auge de la cultura Mocaya. Hacia el año 800 a. de cristo, la región ya era un cacicazgo Olmeca y hacia el año 300 d. de cristo, el sitio alcanza su mayor auge como un centro ceremonial Maya.

El Soconusco es la tierra más exuberante de México con gran abundancia de animales que forman parte de la mitología y la vida de los pueblos desde la antigüedad, como el mono y los pescados. Hay indicios para creer que en esta región es donde se logra la domesticación y el conocimiento acerca del cultivo del maíz, se dominan las técnicas de la alfarería y se comienza el trabajo en jade. El arte mas allá de sus fronteras: Después de la conquista hispana, a lo largo de tres siglos las figuras de arte prehispánico fueron consideradas exponentes de un arte bárbaro y salvaje.

Debemos al sacerdote franciscano Bernardino de Sahagun el primer interés en conocer la manera de vida, las creencias y las costumbres de los pueblos recién conquistados, sin embargo el arte de estos pueblos solo era objeto de una lejana admiración por lo diferente e incomprensible a la mentalidad europea. Fue hasta finales del siglo XVIII que surgieron algunos exploradores que empezaron a valorar los objetos manufacturados por los pueblos ancestrales de América.

Uno de los más grandes coleccionistas de arte precolombino ha sido Robert Wood Bliss quienes dio inicio a la Colección Dumbarton Oaks de la Universidad de Harvard, donde se localiza la espléndida figurilla de jade azul que representa el busto de un hombre de cabello largo. En el Metropolitan Museum de Nueva York se exhibe la figurilla encontrada en Guerrero de un hombre cargando un mecapal.

La figura de un personaje descansando con una antorcha y una manopla se encuentra en el Museo de Arte de la ciudad de Cleveland.

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